unfinished spaces

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¿dónde lo pongo? elogio a la imaginación creativa

fig 1El “Ontario College of Art and Design” es la escuela de arte más antigua de Canadá. Fundada por la Sociedad de Artistas de Ontario en 1.876, su historia fue cómo la de cualquier otra escuela hasta que Roy Ascott, artista y teórico británico del, entonces incipiente, “ciber-arte” ostentó su dirección en 1.969. Ascott transformó por completo la filosofía de la escuela implantando un modelo basado en la participación, la tecnología y, sobre todas las cosas, la imaginación. Imagination is Everything es desde entonces, el lema del O.C.A.D. y una pedagogía concebida para fomentarla su distintivo.

ARTICULO COMPLETO EN: http://arkrit.dpa-etsam.com/blog/donde-lo-pongo-elogio-a-la-imaginacion-creadora/

la nostalgía operativa

                    PORTADA                   Son muchos más de los que creemos, los “edificios modernos” que, abandonados desde hace tiempo, yacen silenciosos y olvidados frente a nuestros ciegos ojos, atentos sólo al simulacro social. La visión de su ruina cuando aparece, no produce en nosotros la misma sensación que la que producen las arquitecturas clásicas del pasado. Ésta otra nos desasosiega e inquieta, despertando en nosotros extrañeza, desconcierto y, a veces, la culpa.
          ¿Qué particularidades intervienen y motivan esta contemplación sin nostalgia del pasado? ¿Cómo debemos instalar este fenómeno en el debate arquitectónico actual? Y mas específicamente ¿Se puede integrar la ruina moderna en el proceso proyectual contemporáneo?
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arquitectura renegada

aprendiendo de todas las cosas

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“En nuestra clase, habitualmente tan correcta y cada vez mas aburrida, han aparecido dos niños muy extraños, Robert Venturi y Denise Scott Brown. Se sientan juntos en un pupitre en la última fila, aunque la mayor parte del tiempo se lo pasan de cara a la pared.
Robert es aquel chico que el curso pasado redactó un trabajo que se titulaba: “Complejidad y Contradicción en Arquitectura”. Por este ejercicio, donde pegó muchas fotos, le dieron un aprobado justo, pues, aunque Robert demostró haberse empollado la Historia de la Arquitectura, a los profesores no les gustó. Pero ahora se ha puesto a escribir cosas muy raras en las composiciones de tema libre. Habla de Las Vegas, de la arquitectura vulgar y de los mas desacreditados arquitectos ecléctico-clasicistas.
Denise, en cambio, es de las nuevas: ha venido hace poco de una escuela aún más ortodoxa y de buen ver que la nuestra, la de Sociología. Pero Denise se ríe de sus antiguos profesores, de la terminología que allí le enseñaron y, en vez de decir estructura psico-socio-politico-económica y cultura objeto-contenedor, dice los pobres, los ricos, esto es muy caro, esto es muy barato y ordinarieces por el estilo.
En la pared donde los primeros de la clase cuelgan sus dibujos tan bonitos con megaestructuras y plataformas elevadas, ellos ponen unos garabatos. Son casitas como las de la calle, carteles luminosos y una bandera norteamericana muy gorda. Y claro, casi ningún Sábado van a casa con bandas de honor, ni los sacan en el álbum del final de curso.
 La situación de esta pareja va de mal en peor. Ahora, se han puesto a reivindicar los bloques de las ciudades periféricas y dicen que hay que aprender de todas las cosas, y empiezan a meterse con los propios profesores. En la clase de Pater Smithson dijeron que ya estaban cansados de moralismos, de una historia de la arquitectura de buenos y malos chicos y de tantos discursos sobre el camino correcto a seguir. Y cuando Pater se volvió hacia el encerado para apuntar sus nombres, me pareció que Denise le sacaba la lengua. Dicen nuestros papás que los van a expulsar del colegio y que tendrán que acabar en la Academia de Música y Arte Pop donde van los chicos más malos, aunque corren rumores que allí se lo pasan pipa.
Los alumnos de la clase no les hacen caso. Los ingleses y los italianos, tan gamberros y divertidos en años anteriores, dicen que ya verán al final de curso el cate que se llevan. Pero a algunos españoles nos hacen muchas gracia…”    Oscar Tusquets.
Contraportada al libro “Aprendiendo de todas las cosas” Denise Scott Brown y Robert Venturi. Tusquets Editor 1979, Barcelona.
 

la ruina de la modernidad

1. El Planeta de los Simios 1968
               
La ruina de la modernidad es un tema recurrente en el discurso cultural y filosófico en general desde que en 1.968, el Coronel G. Taylor,  nos maldijera a todos arrodillado ante las ruinas de nuestra propia civilización. Y desde los años 90 del siglo pasado lo es, en el debate arquitectónico, en particular.  Respondiendo a una inquietud emergente anunciadora de un cambio de sensibilidad hacia lo hecho. Esta nueva actitud constituye una nueva manera de entender el mundo y la sociedad. Una nueva modernidad. Un metamodernismo.
Del mismo modo, son ya casi cincuenta años los que dura el enredo postmoderno que nos hace permanecer encallados en un intrincado territorio que, efectivamente ha superado la modernidad. Pero que todavía no ha abierto una vía distinta que no sea negar la primera. Una vía propositiva que continúe con el desarrollo del pensamiento libre.
 

 

estética sintoista

             El hombre y la naturaleza tienen, para los sintoístas, el mismo origen divino. Todos están emparentados, el hombre con el rio, la mujer con la montaña, el animal con la roca, el vecino con el bosque, el carnicero con el pollo y las churras con las merinas. Todos deben vivir en armonía ya que todos son parte de los mismos Dioses y, al morir vuelven a ellos. Se entiende aquí el profundo respeto que el sintoísta profesa por todo lo que, fraternalmente, comparte existencia con él, incluyéndonos a los occidentales. La vida se convierte, por tanto, en un necesario acto de armonía y naturalidad. Y la relación con el mundo en trascendental y, en cierta medida, en estética.                    La vida y su condición sagrada fluyen indefinidamente, generación tras generación. El hombre que muere se convierte nuevamente en Dios y el sintoísta reza a su abuelo, a su suegra o a su perro, con la legitimidad y estupidez con la que nosotros lo hacemos a San Cucufato o la Virgen del Parral.                                                                                                                                            Pero hay en esta seductora cosmología un momento crítico que necesita de un ritual. El hombre al morir abandona un cuerpo cadáver que no hace el tránsito a la otra vida y que se considera impuro. Un saco de entrañas futuro hogar de pródigos y voraces anélidos. Cuya prosperidad, y aun considerándolos igualmente hijos del mismo padre, el sintoísmo no facilita, pues impide el incipiente proceso de putrefacción al limpiar y purificar el cuerpo antes de su obligada cremación.                                                                             En este ritual, a la vista de la familia, la estética y la sensibilidad son extremas. Hasta tal punto que, sin duda entra dentro de las consideraciones del arte. Los movimientos del “Nokanshi” (el que practica el ritual), son lentos y delicados evitando siempre la visión de la carne lánguida y muerta a la familia. Con una elegantísima cadencia desentumece el rigor mortis y viste y maquilla al difunto para la última despedida. El cadáver no será nunca un saco de gusanos y el alma del que se ha ido se unirá a los espíritus de la naturaleza incorrupta y pura como también lo harán en su momento la de sus seres queridos.

barcelona hyperlapse

 

“…el concepto perro no ladra”

villa saboya ruinaLa Villa Savoye, irrefutable y consagrada, tanto que casi es innombrable. El más valioso bastión de la arquitectura racionalista, la “Máquina de Habitar”.
Concluida en 1931 fue muy ocasionalmente utilizada por la familia “Savoye” como casa de vacaciones debido a su incomodidad y a los numerosos problemas de índole constructivo con los que el paradigma arquitectónico les recibía cada otoño. Durante la Segunda Guerra Mundial fue ocupada dos veces. Una de ida, por los alemanes y otra de vuelta, por los estadounidenses. Ambas ocupaciones deterioraron tanto su estado que la familia Savoye terminó por abandonarla al finalizar la guerra y dar por perdido el millón y medio de francos que costó finalmente su construcción y que significaba el triple del presupuesto original.
Con renovado y temerario espíritu, la municipalidad de Poissy expropió la “machine à habiter” en 1958, reutilizándola durante un breve periodo de tiempo como centro juvenil hasta que a principios de los 60 y no encontrando ningún motivo convincente que justificara el gasto de su mantenimiento se propuso derribarla. No es necesario decir que esto  no sucedió. La rápida y obstinada intervención del colectivo de arquitectos franceses, incluyendo al propio Le Corbusier, lo impidieron y la Villa Savoye se convirtió en 1965 en el primer edificio moderno catalogado como monumento histórico en Francia, tan sólo 34 años después de su construcción y con apenas 10 de servicio. Fue protegida, restaurada y convertida en la casa-museo que es en la actualidad.
La visión de la casa durante ese crítico año de 1965, no fue, por tanto, una visión que recordara en nada a una época mítica de “catedrales blancas”. Fue la de una modernidad destruida, que “…apestaba a orina y se cubría de excrementos y graffitis obscenos”. Tal como recuerda y escribe Bernard Tschumi diez años después, en su ensayo “Arquitectura y Transgresión”.villa_savoye_ruina
Una visión de la decadencia y la putrefacción en la que se mostraba la imagen de la ruina misma de la modernidad. Un momento clave y significativo, durante el cual una yuxtaposición de significados estuvo al descubierto. Aunque sólo para los observadores más atentos como Tschumi que en ese mismo ensayo escribiría también: “La Villa Savoye nunca fue tan conmovedora como cuando el estuco se cayó de sus bloques de hormigón”. Y, más tarde, en sus “Advertisements for Architecture” 1976-77 lo expresaría así: – “La arquitectura sólo está donde niega la forma que la sociedad espera de ella” o con esta otra sentencia: – “La arquitectura es el acto erótico definitivo. Llevada al extremo, pondrá de manifiesto simultáneamente las huellas de la razón y de la experiencia sensual del espacio”. 
Para comprender esta puesta en valor de la ruina que Tschumi propone, el primer paso es entender la concepción paradójica que éste tiene de la arquitectura. “La paradoja de la arquitectura” viene a decir que ésta se encuentra atrapada entre dos espacios aprehensivos diferentes que no se complementan. En sus palabras “mutuamente exclusivos”. Por un lado está el “espacio ideal” de los conceptos y la imaginación, que se revela a través de las palabras o los planos. Y por otro está el “espacio real”, el que percibimos y experimentamos sensorialmente. Ambos espacios, cómo he dicho son independientes y exclusivos, de tal manera que los conceptos no están, ni pueden estar, en la experiencia sensitiva. Ni, evidentemente, lo sensual estar en los planos. “El concepto de espacio no está en el espacio como el concepto perro no ladra”. Esto es para Tschumi la arquitectura, un espacio paradójico entre la sensualidad y el rigor. Acaba esgrimiendo que siempre se termina por perder una de estas categorías o se pierde realidad o se pierde concepto.
Pero en el espacio de la ruina, esta paradoja se resuelve. La arquitectura se fragmenta y lo real retrocede frente a una nueva condición “imaginal”. La obra se aleja del creador y debe ser recompuesta mediante la interpretación.georges_bataille
 
Y ¿Cómo lo resuelve el francés? Pues, ¡a la francesa!. Esto es, desde el mas estricto chovinismo (que seria del siglo XX sin la filosofía francesa…). Tshumi invoca a Bataille y propone dos correspondencias metafóricas para explicar esta condición paradójica. Identifica primero la arquitectura con el erotismo y luego con la muerte y la putrefacción.  
El concepto de erotismo implica algo más que placer sensual. En sus propias palabras: “El erotismo no es el exceso de placer, sino el placer por el exceso”. Lo que quiere decir, intento explicarlo, que el erotismo también necesita, ademas del placer físico, de algo así como una conciencia mental de ese placer. Debe implicar lo imaginario y lo real a la vez, lo personal y lo universal. Debe conjugar sensualidad y racionalidad. Vemos pues que el erotismo, así entendido, conforma el espacio de yuxtaposición en el que Tschumi quiere ubicar la arquitectura. Alcanzándolo ésta exclusivamente en su estado de ruina. Cuya contemplación, cómo ya hemos visto, nos arranca el enfoque pragmático y funcional abriéndonos otra mirada que yuxtapone pasado y presente, vida y muerte, experiencia sensorial y abstracción mental.
Si continuamos empantanándonos concluiremos la reflexión. Porque no es en la ruina blanca, pura y complaciente del Partenón donde se resuelve la paradoja, sino en la decadente y putrefacta que deja ver las marcas destructivas del tiempo y la descomposición. Sólo en este estado de ruina putrefacta la arquitectura sobrevive con autenticidad a la mirada contemplativa.
Despojada ya de su función, la arquitectura sólo es posible en su condición ruinosa y decadente. Una condición a la que se llega no mediante la destrucción o la subversión sino a través de la transgresión. Que sobrepasa los límites de la sensibilidad sin modificarlos para configurar un espacio proscrito y autentico.
 
BIBLIOGRAFIA
Arquitectura y Transgresión. Bernard Tschumi. 1975
“Advertisements for the Archuitecture”. Bernard Tschumi. 1977
La Parte Maldita. George Bataille. 1949
El Erotismo. George Bataille. 1957

arquitectura rebelde